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Acaso hallen algo interesante en él quienes mantienen un compromiso de vida con la justicia y con la belleza.

viernes, 18 de noviembre de 2011

A continuación despliego para vosotr@s un poco de mi actividad:

Cine

"Había escrito poesía antes de empezar a hacer películas,
así que al principio consideraba la cámara como otro bolígrafo distinto al que usaba para hacer poemas"

Bernardo Bertolucci
,
director de cine italiano

Me recuerdo en una progresión de pequeño Meliés: Dibujando historietas sobre rollos de máquina calculadora que habría de insertar en sendos pernos construidos con trozos de escoba, que me permitirían hacer transcurrir aquellos film-comics, de derecha a izquierda, dentro de una caja de zapatos que presentaba una caladura rectangular a modo de pantalla, la cual sería iluminada por mi linterna a sala oscura; finalmente, la detección de una sencillísima proyectora de diapositivas a la que insertarle filminas de acetato producidas limpiando con lavandina, cortando en tiras, e ilustrando con marcadores al agua las radiografías viejas de mi padre. Me recuerdo tenso ante la tómbola de aprobar o no el ansiado ingreso al bachillerato de la Escuela Superior de Bellas Artes. Porque mi padre me había prometido una filmadora súper 8 Chinon Dart 3 X si lograba entrar. Entré. Y aquel instrumento fue la piedra basal de mi primer grupo de cine. Me recuerdo guionizando, poniendo en escena, y actuando breves sitcoms para el Festival Escolar de la Primavera. Me recuerdo flotando extasiado en un tibio baño de inmersión, imaginando el inminente estreno -en el salón de actos del colegio- de nuestro próximo filme de terror o ciencia-ficción. Soñando despierto con una silla de tijera que exhibiera mi nombre en el respaldo de lona. En la pubertad de mi afán creativo vivía atormentado por los artistas herméticos. Era sumamente vulnerable - digamos - a la noción de que una obra (por caso, un filme) era trascendente si no era de fácil comprensión. Llegaba a prorrogar mi amargura por tiempo indeterminado si no entendía “El desierto rojo” de Antonioni o “Pierrot le fou” de Godard… porque era vox pópuli que se trataba de genios. Pero ya con más de medio siglo sobre la faz de la tierra, no estoy dispuesto a aceptar que quienes nos apegamos a un relato tradicional, a un cine referencial, tenemos un imaginario más jibarizado que quienes adhieren a lo experimental. O precisamos que el arte nos dé de comer en la boca. Desde la falta de inocencia que la madurez otorga, me atrevo a colegir que la mera expresión - tan legítima como cualquier otra alternativa de la creación - no necesariamente requiere de un otro que reaccione ante la misma y lo demuestre. Sospecho que el artista afecto a recorrer ese camino adscribe a una vocación catártica, pasible de desentenderse de un potencial destinatario. Pero esto es imposible cuando el cometido buscado es la comunicación. Porque esta reclama - como es archisabido - a un otro que acuse recibo del mensaje que se emitió. Desde esta perspectiva, y habiendo ensayado varios caminos - el underground cómic, el poema, el cine documental -, confieso que “presentar el embudo de pico o de boca” a la hora de difundir la creación se me ha convertido en un dilema de orden mayor. Resolver la antigua disyuntiva de compartir con los inmediatos - a riesgo de quedar atrapado en las redes de la permisividad - o con la humanidad toda, cualquiera sea el destino final de lo creado.

Docente de Cine en la Universidad de Palermo.
Miembro fundador del Movimiento de Documentalistas de la República Argentina.
Articulista en la antología “Cine documental, memoria, y derechos humanos”, Editorial Nuestra América (2007)
Autor del ensayo “Poetizar la realidad. Un camino hacia el cine documental”, Editorial de la Universidad Nacional del Comahue (2009)
Guionista de Tecnópolis TV, la señal pública digital del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación.
Jurado Cinematográfico en Festival Nacional de Cine Documental, REC, y CineCien.

Filmografía parcial

“El otro País. Testimonios desde la marginación en Argentina” (Primer Premio Unión de Cineastas de Paso Reducido 1988 Categoría “Mi País”), co realizada con Grupo de Cine “Martín Fierro”
“Pago Chico, Patria Grande” (Uruguay, 2003)
“Esperando a Sandino. Testimonios de un pueblo en pie” (Nicaragua, 2006)
“Santiagueños. Dentro y fuera del pago” (Argentina, 2006), supervisando al Taller de Video Documental “Valles Calchaquíes”
“En banda. La vida por el rock” (Argentina, 2007)
“El Hereje. Alfredo Moffatt sin plata y sin permiso” (2009)
"Hombre bebiendo luz. Rodolfo Kusch en busca de un pensamiento continental autónomo" (2012).

Letras

“No puedo decirte si tus textos tienen algo que ver directamente con la poesía,
pero estoy seguro que la poesía del futuro irá por esos mismos carriles”

Alberto Vanasco,
fragmento de carta enviada al autor de estas líneas

Desde el minúsculo sitial que mi escritura ocupa, confieso que he robado a más de un autor con la torpeza del peor aprendiz. Es muy difícil - por ejemplo - que un congeneracional que incursione en la poesía eluda por completo alguna influencia de Gelman… Particularmente, me siento acreedor de Tuñón, Lamborghini, Huasi.  Mentiría a su vez si omitiera que me enamoré de Vallejo, León Felipe o Guillén, al calor de la áspera voz de Paco Ibáñez. O - a riesgo de sonar cursi - que he prestado atención a artistas como Silvio o Serrat. Aquí quiero reivindicar un oficio que hoy no abunda pero muy caro a mi generación: El de cantautor. Acaso porque no sobran a mi alrededor textos tan estremecedores como “Habitantes de Alfa-Centauro encuentran la sonda Voyager”, séptimo track del CD Sueños de un Hombre Despierto, de Ismael Serrano. Pregunto a quien no lo haya escuchado aún y esté resuelto a hacerlo: No sería maravilloso que esas palabras resonaran alguna vez en la ONU… ? Al mismo respecto invito a revisar “Caravaggio”, anteúltimo tema del CD Vidas, de Pedro Guerra. Por otra parte, carezco de perspectiva autocrítica para reconocerme una identidad, un decir propio, un tono original. Con esas influencias y la disposición desenfadada de hacerme oír, pisé escenarios esporádicamente desde 1985. Y desde el mismo año, cada tanto, traté de editar. Alguna vez le llamé libro a una precaria encuadernación obtenida a bajo costo en librería barrial, otra accedí a alguna de esas antologías variopintas que no se esmeran mucho por seleccionar a sus participantes, y muy otra me atreví a publicar 3000 ejemplares en un país que no ofrece mercado alguno a la poesía. El éxito de esa edición, más que a sus modestos valores literarios, obedeció a la coincidencia entre el apellido que porto y el estreno de un filme basado en mi historia familiar. Promediando la decena de poemarios publicados, fijé mi empeño en trascender el humilde target de alrededor de 500 lectores. Doné ediciones completas a la causa de la Revolución, al Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, o bien propuse canjear volúmenes por horas de voluntariado solidario, con suerte muy desigual. PERO IMPROBABLE MASIVIDAD. Mi karma consiste en creer en lo que escribo. No por otro motivo dejo que las musas fijen agenda a mis textos y, cuando arribo al medio centenar, voy sintiendo que hay un libro por nacer, y que su contenido es - hasta nuevo aviso - lo que deseo expresar. Lo que viene al cabo de la concepción - ya se sabe -, al menos para quien no tiene más sponsor que su salario, es lo más parecido a un parto con dolor. En ninguna oportunidad esos “hijos” nuevos han sido recibidos escatimando enhorabuenas, pero cualquiera que haya ensayado el camino de la autoedición sabe que no exagero si digo que los resultados de la ecuación costo-beneficio (siempre pensando en una repercusión masiva) pocas veces son satisfactorios. Si es cierto - como sostienen algunos - que “internet es la imprenta del Siglo XXI”, y a la luz de la epidemia blogger, que vuelve a entronizar la palabra en pleno reinado de la imagen, se me ha dado por pensar que acaso sea hora de relativizar el alcance posible del amable soporte papel y darle una oportunidad al aparentemente frío pero tanto más generoso entorno virtual. Sin más rodeos, vengo creyendo que el cyberocéano tiene más orillas que el circuito editorial.

Primer Premio Poesía Ediciones Amaru 1987.
Ex Director de Relaciones Públicas de la Sociedad Argentina de Escritores.
Docente de Taller de Redacción en la Universidad de Palermo.
 
Bibliografía parcial
 
“Íthaca. Lírica de Emergencia”, Editorial Hombre Nuevo (2003)
“Canto Hereje”, Ediciones Baobab (2005)
“La Gomera de David”, Editorial Universitaria de La Plata (2007)

Cómics

“Quiero decir, cuando bajamos de los árboles, encontramos algo para comer, un sitio donde dormir, un sitio caliente para cagar, y salimos fuera y hacemos un dibujo en una pared explicando cómo encontramos la cosa para comer, el lugar para dormir, y el sitio caliente para cagar. El arte es más o menos nuestra cuarta prioridad para la supervivencia. Así que uno entonces asume qué ha de ser”.

Alan Moore, 
guionista de cómics británico

Me recuerdo niño dibujando historietas para mis amigos -circulaban de mano en mano- en hojas oficio plegadas y abrochadas por el lomo. Me recuerdo púber dichoso en los modestos veranos marplatenses, inundados por la mersa de toda latitud, corriendo desde  la playa La Perla (el balneario grasa) a la Bristol (el balneario fino), para cambiar historietas mejicanas bajo los lobos marinos de piedra. Me recuerdo adolescente disfrutando de las maravillosas mañanas sabatinas en el Taller de Dibujo con modelo vivo de la Escuela Superior de Bellas Artes de La Plata, plantando una figura humana en carbonilla sobre papel croquis. Y compartiendo con mis compañeros el pan de maíz recién salido del horno de la Panadería San Martín. Yo nunca omito confesar que lo poco o mucho que sé sobre el mundo lo aprendí leyendo historietas antes que libros. El Noveno Arte me introdujo en disciplinas tan maravillosas como las Joyas de la Mitología, Tesoro de Cuentos Clásicos, o Leyendas de América (así se llamaban justamente tres de las colecciones que armé con minuciosa pasión)

Ilustrador y dibujante de cómics en el Suplemento Infantil dominical del Diario “La Voz del Mundo” (1985/87)
Fundador de la Carrera de Diseño de Historietas de la Universidad de Palermo (2001)

Intervenciones Críticas


"Dijo Guevara el humano
que ningún intelectual
debe ser asalariado
del pensamiento oficial"


Silvio Rodríguez, Tonada del Albedrío

 

Fui uno de tantos jóvenes que a fines de los años 60, absolutamente desencontrados con la política de nuestros mayores, nos sublevamos en favor de la Justicia Social por medios no pacíficos, dado que estos venían resultando burlados por el poder de turno. Es lo más humano y lo más noble que hice en mi vida. Como el resto de mis congeneracionales, ni pedí ni recibí nada a cambio. Hoy soy un hombre maduro que apuesta por la abolición del capitalismo, enemigo de la humanidad, y por la invención de un socialismo para el Siglo XXI, surgido de la imaginación creadora de cada pueblo del mundo. No me arrepiento de nada: Siempre acerté o me equivoqué junto a mi pueblo. Y sigo indispuesto a salvarme solo.

Autor de la crónica testimonial novelada “Memorial de Guerralarga. Un pibe entre cientos de miles”, Editorial La Campana (2001) y del ensayo “Pensando la Patria sin copiarse”, Editorial El Colectivo (2011)

3 comentarios:

  1. ¿Es acaaso creer en lo que uno escribe, una mochila del karma? ¿Cómo no creer en lo que uno escribe, cuando es a través de nosotros que algo se cuela del universo? Si en eso no creemos, aunque sea de alguna manera, estamos perdidos de toda creencia...
    Buenos augurios para el sitio web!

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  2. Coincido con tu interpelación y la agradezco, Colorita. Ocurre que últimamente parece de mal gusto tenerse fe. Buen augurio también para vos!

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